Artículos
Comunicación/Cultura e (in)disciplina: los aportes de Héctor Schmucler al campo comunicacional y al estudio de las mediaciones tecnológicas y las ciudades
Communication/Culture and (in)discipline: the contributions of Hector Schmucler to the communication field, and the study of technological mediations and cities
Comunicación/Cultura e (in)disciplina: los aportes de Héctor Schmucler al campo comunicacional y al estudio de las mediaciones tecnológicas y las ciudades
Intersecciones en Comunicación, vol. 1, núm. 20, pp. 84-100, 2026
Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires

Recepción: 16 Abril 2026
Aprobación: 31 Mayo 2026
Resumen: El presente artículo recupera y analiza la propuesta teórica de Héctor Schmucler en torno al par Comunicación/Cultura, presentado hace más de 40 años. Dicha perspectiva ordena y enriquece debates y desafíos del campo de la comunicación, tanto en investigación y enseñanza, como en prácticas profesionales. La propuesta de Schmucler no es sólo una forma de escribir dos conceptos enlazados por una barra, sino una perspectiva teórica, ética y epistemológica. Por ello, se analizan las continuidades del planteo del autor argentino con otros pensadores de su época y con su contexto de producción. Luego se distinguen aportes valiosos para interrogar hoy el objeto de estudio de las Ciencias de la Comunicación, definido desde la Comunicación/Cultura como un proyecto, un riesgo y un objetivo a lograr. En los resultados, se aplican dichos aportes a dos subcampos de reflexión prolíficos en la comunicación en América Latina: el estudio de las mediaciones tecnológicas y de las ciudades. El análisis que se presenta tiene, por lo dicho, el objetivo de jerarquizar una perspectiva teórica que sigue siendo fértil e incisiva, al hacer visibles las abiertas tensiones entre la comunicación como proyecto frente a las hegemónicas reglas de la conectividad y las tendencias a la segregación urbana.
Palabras clave: comunicación, cultura, ciudad.
Abstract: This article revisits and analyzes Héctor Schmucler's theoretical proposal regarding the binomial Communication/Culture, presented more than 40 years ago. This perspective provides a framework for understanding and enriching debates and challenges within the field of communication, including research, teaching, and professional practice. Schmucler's proposal goes beyond merely linking two concepts with a slash; it represents a theoretical, ethical, and epistemological perspective. Therefore, the article analyzes the connections between Schmucler's proposal, the work of his contemporaries, and its context of production. It then identifies valuable contributions for analyzing the object of study of Communication Sciences nowadays, which, according to the Communication/Culture perspective, is conceived as a project, a risk, and an objective to be achieved. The results apply Schmulcer´s theoretical framework to two particularly productive subfields of reflection in communication in Latin America: the study of technological mediations and cities. The analysis presented here aims, therefore, to prioritize a theoretical perspective which remains fertile and incisive, by highlighting the unresolved tensions between communication as a project and the dominant logics of connectivity, as well as the growing tendencies toward urban segregation.
Keywords: communication, culture, city.
Introducción
Desde América Latina, Héctor Schmucler hizo en1984 una proposición que es el eje de la reflexión en este artículo. El par Comunicación/Cultura, propuesto por el pensador argentino hace 40 años es, en muchas regiones, poco conocido. Pero, cuando es retomado, frecuentemente se lo considera como una forma, sin que sea objeto de nuevas reflexiones que incluyan los cambios históricos y materiales con respecto al par conceptual referido. Estas dificultades se pueden entender a partir de dinámicas del campo intelectual, pero también por las profundas transformaciones sufridas en ambas nociones a lo largo de los años: cambios socio-técnicos, teóricos y epistemológicos, regionales y globales.
En 2024, el texto al que referimos cumplió cuatro décadas, desde su primera publicación. Y, más allá del aniversario, pero a la luz de ese tiempo, resulta interesante recuperar algunas de sus propuestas para nutrir debates y desafíos del campo de la comunicación, tanto en investigación y enseñanza, como en prácticas profesionales. No se trata de una reconstrucción de la obra del pensador argentino[1]; sino que proponemos, por un lado, jerarquizar el aporte que hace el texto a los estudios en comunicación y, por otro, revitalizar el planteo atendiendo a dos objetos de estudio que, entendemos, se nutren de la perspectiva de la Comunicación/Cultura: las mediaciones tecnológicas y las ciudades.
El trabajo propone una reflexión que se alimenta de recorridos teóricos y de investigaciones empíricas, construyendo una matriz de análisis sustentada en tres ejes transversales: i) la propuesta de Schmucler en diálogo con otros aportes teóricos, ii) los cambios socio-históricos fundamentales, y iii) algunas expresiones materiales estudiadas en el Sur Global de las últimas décadas. En esa combinación de dimensiones se construye el texto que, primero presenta los pilares conceptuales, para luego avanzar hacia la reflexión de los ejes propuestos.
El escrito del que parte este artículo se titula “Un proyecto de Comunicación/Cultura” (Schmucler, 1984). Comienza refiriendo al contexto de los años 70-80 que conmovieron la configuración del campo de estudios en comunicación en América Latina. Éste estuvo signado por los desplazamientos de las prácticas, el oficio y el quehacer periodístico hacia escuelas y departamentos en universidades del continente; para luego seguir hacia la primera conformación del campo de estudios en comunicación, con la consecuente creación de Facultades.
Pero, también, menciona los cambios en las relaciones entre las clases sociales en el continente, las articulaciones de proyectos revolucionarios a partir del triunfo de la Revolución Cubana en 1959, la elección presidencial chilena de Salvador Allende y su asesinato en 1973, y la diáspora de intelectuales, trabajadores y estudiantes, por los golpes de Estado, durante la década del 70. Schmucler no estuvo ajeno a esos procesos, participando activamente en la Revista Comunicación y Cultura, primero desde Chile, y luego desde su exilio en México.
Ambos contextos de referencia permiten inscribir la propuesta en el marco de cambios socio-históricos más generales que afirman la relación del objeto, la teoría y la disciplina científica con los procesos globales. No como un fenómeno exterior, que puede limitarse con mecanismos de cientificidad; sino como fuerzas intrínsecas al pensamiento, la significación y la acción individual y colectiva de grupos y clases sociales.
Uno de los puntos más interesantes en la perspectiva de Comunicación/Cultura que recuperamos en esta oportunidad, es la idea de que, más que un objeto de estudio que pueda ser delimitado e indagado, la comunicación es un objetivo a lograr. Schmucler indica, así, el carácter político de las prácticas de comunicación, y abre un particular encuadre epistemológico, cuestionando a la vez aquellas apreciaciones dominantes que subsumían -y subsumen- a la comunicación como un conjunto de técnicas, o como problemas que pueden ser resueltos con tecnologías.
En el texto original, y antes de proponerlo como proyecto, el autor señala que el par Comunicación/Cultura implica la necesidad de reconocer el íntimo lazo que reúne ambos polos.
La barra (comunicación/cultura) genera una fusión tensa entre elementos distintos de un mismo campo semántico. El cambio entre la cópula y la barra no es insignificante. La cópula, al imponer la relación, afirma la lejanía. La barra acepta la distinción, pero anuncia la imposibilidad de un tratamiento por separado. (Schmucler, 1984, p.7)
Así, la comunicación y la cultura no son objetos de diversas disciplinas -en aquel momento, la emergente ciencia de la comunicación y la consagrada antropología respectivamente-, sino que la barra aparece como necesaria para sortear el obstáculo reduccionista de referir a la comunicación a un conjunto de medios. El autor fue muy cuidadoso al momento de la escritura de sus producciones teóricas. El uso reflexivo de las cópulas da cuenta de esto. Por ejemplo, la nominación del Seminario que Schmucler dictó tras su retorno del exilio, en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Buenos Aires, reúne y distancia los primigenios desarrollos de la informática y la vida social: se llamó “Informática y Sociedad”. Aquí Schmucler reconoce una relación, pero la misma formulación indica la necesidad de no confundir la magnitud de los desarrollos en tecnologías de la información con la complejidad de mediaciones que participan en la reproducción de la vida social.
El aporte teórico que recuperamos en esta oportunidad intenta jerarquizar una perspectiva que sigue nutriendo sustancialmente las reflexiones del campo, pero implica también analizar los contextos históricos y materiales que se han modificado intensamente durante las últimas décadas.
Por ello, proponemos un recorrido que intenta, en primer lugar, analizar las implicancias conceptuales y metodológicas de la propuesta de Schmucler, reconociendo sus continuidades con otros autores, así como jerarquizar su singularidad. En segundo lugar, presentamos algunas aristas del planteo de Schmucler que resultan importantes -no sólo “útiles”- para pensar problemáticas del presente, como las mediaciones tecnológicas de la vida social, y los cambios en la vida urbana.
Marco referencial
Parte del desafío del presente artículo es enfatizar la jerarquía del planteo de Schmucler respecto de la Comunicación/Cultura, tramando sus continuidades así como su marca singular, para recuperar no sólo la forma de la propuesta, sino las interpretaciones que pueden hacerse aún sobre su actualidad.
Si volvemos al texto de 1984 como producto intelectual, creativo y tradicional a la vez, vemos que su escritura se instancia en un espacio/tiempo liminal, en un pliegue de modificaciones históricas. En el Cono Sur, los años 80 marcaron el cierre de procesos dictatoriales, y el retorno de la democracia en varios países de la región, procesos signados por la formación de movimientos sociales y democracias emergentes, en términos de Elizabeth Jelin (1987). Esos años se caracterizaron por ocupaciones del espacio público, con activa participación y militancia en partidos políticos, con el despliegue de radios comunitarias, revistas, periódicos. En poco menos de diez años, sin embargo, y con la consolidación del orden neoliberal, se iban a concretar cambios sustantivos en las formas de estar juntos/formas de estar separados, siguiendo la expresión de Jesús Martín-Barbero (2015). Y dicha década, como veremos, fue el contexto de escritura y publicación de importantes reflexiones en las ciencias sociales.
En la década referida, justamente, Martín-Barbero propuso a los estudios en comunicación abandonar el interés exclusivo y principal en los “instrumentos” para abordar la indagación sobre los “procesos”: esta fue su construcción en “De los medios a las mediaciones, Comunicación, Cultura y Hegemonía” (1987) -el mismo de la compilación de Jelin a la que hacíamos referencia antes-.
Pocos años antes, en 1977 y desde otro escenario, Raymond Williams presentó, en “Marxismo y Literatura” (2000), su perspectiva sobre la existencia dual de los simbolismos entendidos como materialidades en la vida social, y la cultura como sistema significante. Se encuentran, así, muchos sentidos convergentes con la perspectiva de Schumcler (1984), cuando afirmaba que comunicación y cultura suponían una distinción necesaria, pero no una separación tajante. En ambos autores vemos una perspectiva que vincula los procesos de significación con la producción social de la vida, la organización material de la reproducción con su significación y, por ello, la producción de sentido en el marco de relaciones sociales de desigualdad y poder.
En 1987 aparece en español “Hegemonía y estrategia socialista” (1987), de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, cuya emergencia conmueve las reflexiones en/desde el marxismo/posmarxismo, al momento de indagar los procesos y conflictos sociales en escenarios de reciente retorno a la democracia. Estas obras se pueden interpretar como pliegues/torsiones en el pensamiento social y político.
Desde tal lugar de lectura, la forma y el contenido de la vida social analizada por Schmucler evidencia modificaciones en el par Comunicación/Cultura, que obligaban a una lectura atenta por parte de los pensadores de aquella época, para inquirir cambios en esa dupla conceptual, que diese cuenta de las tendencias en curso. Para decirlo de forma directa: el par Comunicación/Cultura se modifica intensamente durante la década de los 80 y, aunque recientemente inaugurado como aporte epistémico y político, necesita identificar y caracterizar “prácticas, procesos y medios” (Barbero, 2015) que reorganizan la vida social y las construcciones de sentido, para no operar como una forma vacía.
En ese contexto de efervescencia intelectual, además de converger en torno a preguntas sustantivas sobre cómo los sujetos y colectivos producimos el mundo en común; los autores nombrados compartieron el espíritu crítico hacia el capitalismo y su hegemonía. Esto se sumaba y obligaba a articular ambos principios, y recuperar también la vocación compartida de no clausurar las explicaciones de lo social en el lenguaje de la dominación. Los autores retomados propusieron una teorización que, sin olvidar los procesos de explotación y subsunción de la vida al capital, podía todavía nombrar, describir, analizar; las efectivas prácticas de significación como haceres caracterizados por su pluralidad (de Certeau, 2004). De allí emerge el estudio de las derivas, la resignificación y/o impugnación al orden dominante. Esto es: todo lo que es producción simbólica, y no sólo reproducción y dominación.
Aquella barra entre Comunicación/Cultura ya anticipaba, por todo lo dicho, una perspectiva que tenía puntos de encuentro -sincrónicos y diacrónicos- con los desarrollos de Martín-Barbero y Raymond Williams; por hacer foco en la cultura, pero polemizando con su abordaje como “mundo de ideas” o superestructura, o como conjunto de objetos “folklorizables” o sencillamente narrables. Proponía pensar la cultura como proceso social significante con dinámicas de disputa, como prácticas de producción de sentido materiales, inmersas en condiciones concretas de estructuración.
García Canclini (2004) también analizó esta perspectiva como una mirada “socio-semiótica de la cultura”, afirmando que tal enfoque obliga a que los campos de la comunicación y de la cultura converjan.
A ese eje “culturalista” de lectura, siguiendo la distinción que hiciera Stuart Hall (2006) sobre los propios estudios culturales; el texto de Schmucler (1984) hace un segundo llamado: “asumir esta lacerante conciencia” (p.7) que las certezas, el progreso y la teleología de la técnica/ del saber/ de la historia, se habían derrumbado. A nivel global y regional, las crisis y disputas por el orden mundial estaban en retirada, especialmente en América Latina. Por ello, las promesas neoliberales de un futuro mejor, de desarrollo y progreso, merecían un ejercicio de duda y sospecha, tarea retomada por el texto que estamos analizando.
Recuperar el llamado culturalista y el llamado crítico en el presente del siglo XXI, pasados cuarenta años de la publicación del mencionado texto del argentino; resulta especialmente desafiante. Y más aún, mantener el compromiso con ambos principios, sin avanzar con uno, olvidando en el proceso el otro.
Hemos resaltado, aquí, algunas continuidades de la propuesta del autor con otras teorías y escuelas, quizás más difundidas a nivel global y continental. Avanzaremos, ahora, sobre lo que se presenta como singular y provocativo del planteo de Schmucler, proponiendo a continuación tres ejes que desarrollan la estrategia expositiva y argumentativa del artículo: 1. las implicancias del planteo en la conformación de objetos teóricos y campos empíricos de la incipiente disciplina de la comunicación; 2. las tecnologías y su crecientes mediaciones en la vida social, pensadas desde una preocupación comunicacional por el entendimiento y lo humano como proyecto, siempre riesgoso; y 3. los estudios urbanos que articulan comunicación y ciudad, y las pistas de la organización de la vida urbana para pensar la modulación de los proyectos posibles con otros.
Resultados
Comunicación/Cultura: su objeto y disciplina
La conceptualización del par Comunicación/Cultura se construye paulatinamente en el texto de 1984. Propone, a grandes rasgos, construir un abordaje de los estudios de la comunicación que, partiendo de la “caída de los edificios intelectuales que hasta hace poco considerábamos perdurables” (Schmucler, 1984, p.3), piense desde esa “derrota” a la comunicación integrada al “modo total de producir la vida” (p.5), es decir, como una dimensión de la vida cotidiana que implica prácticas, simbolismos y materialidad, como sostuvimos en el apartado anterior. Dicha definición explica, sucintamente, su cercanía gráfica y conceptual con la idea de cultura. Sin embargo, el autor enfatiza en otros rasgos de la definición: la comunicación es un: i) proyecto, ii) supone siempre otros/as distintos, iii) implica un riesgo y, iv) necesita de una ciencia abierta, sin fronteras rígidas. Ampliemos a continuación esos rasgos.
Respecto a lo primero, uno de los ejes del planteo de la Comunicación/Cultura, se vincula con la constitución de la disciplina de las Ciencias de la Comunicación y con su objeto. Metodológicamente, se enseña en las carreras de grado en Ciencias Sociales que los objetos de investigación se construyen: no coinciden con un recorte empírico, suponen relaciones históricas y conceptuales que deben ser explicitadas. En esa misma línea, el objeto de las ciencias dedicadas a la comunicación se encuentra en constante debate, e incluye la preeminencia de las tecnologías, la comunicación humana cara a cara, los procesos de masificación y los cambios subjetivos. Sentidos, discursos, técnica, lo público/lo popular, redes, subjetividades, encuentro, transmisión; conforman una amplia constelación de preocupaciones en las ciencias de la comunicación hoy.
En el texto de 1984, Schmucler realiza un ejercicio que bien podría percibirse como contradictorio, aunque entendemos que es dual: sistematizar una perspectiva / desarmando, a la vez, el marco que permite dicha sistematización. El autor aborda el objeto de estudio de la comunicación como disciplina, pero a la vez destituye su calidad de “objeto”: para Schmucler, la comunicación no es algo presente, observable, sino algo futuro, por-venir. La comunicación no es una cosa dada, sino un proyecto, un objetivo a lograr. Supone un proceso, que se desenvuelve en el tiempo, que no es inmediato y que está necesariamente abierto: abierto a la interpretación, a la ambigüedad, al malentendido, a la diferencia y el conflicto. Inacabado, pues se consuma sólo con otro. Desde la perspectiva del autor, la posibilidad de esa relación, es decir la comunicación, no está dada de antemano. Nunca lo está. No puede estarlo. Y por eso, debe ser tratado como un “proyecto”. Tal idea nos devuelve, además, al título del texto que estamos analizando: “Un proyecto de Comunicación/Cultura”.
Pero, además del objeto, Schmucler propone una específica perspectiva disciplinar, proponiendo un cierto tipo de in/disciplina: la comunicación se mantiene unida como estrategia de pensamiento, sin tener límites ni marcos estables ni rígidos. Al respecto, el texto señala una “derrota”, que retomábamos al inicio de este apartado: querer definir la comunicación. Schmucler propone derrumbar en el mismo acto los muros de la disciplina, para acercarse a interrogar a la comunicación desde una perspectiva que se puede pensar como transdisciplinaria. Esto trastoca lo vivido como derrota en una nueva apuesta. Es decir, no se aferra para construir el campo de la comunicación a un objeto positivo, a fronteras, es decir, a un modelo clásico propio de las ciencias “duras”; pero tampoco como una episteme estructuralista como garantía de cientificidad de las ciencias sociales y humanas. En cambio, propone estallar la disciplina desde el quehacer con otros. Dice Schmucler: “La relación comunicación/cultura es un salto teórico que presupone el peligro de desplazar las fronteras. Pero, justamente, de eso se trata: de establecer nuevos límites, de definir nuevos espacios de contacto, nuevas síntesis” (1984, p.7).
Como puede leerse en la cita precedente, delimitar y unir, separar y juntar; son procesos imbricados. Existen tendencias a ponderar uno, por ejemplo esforzándonos en establecer la “especificidad disciplinar” o alentando abordajes “transdisciplinares”. Pero, en la propuesta de Schmucler, uno y otro son procesos relacionados.
En vez de insistir en una especialización reductora, se propone una complejidad que enriquezca. Nada tiene que ver esto con la llamada interdisciplinariedad que, aún con las mejores intenciones, sólo consagra saberes puntuales. Se pretende lo contrario: hacer estallar los frágiles contornos de las disciplinas para que las jerarquías se disuelvan. La comunicación no es todo, pero debe ser hablada desde todas partes; debe dejar de ser un objeto constituido, para ser un objetivo a lograr. Desde la cultura, desde ese mundo de símbolos que los seres humanos elaboran con sus actos materiales y espirituales, la comunicación tendrá sentido transferible a la vida cotidiana. (Schmucler, 1984, p.8)
Disuelta la idea de comunicación como algo dado, y sin la garantía de constatarse por la simple presencia de determinado instrumento, medio o agente; esta perspectiva valora con otros parámetros a las Ciencias Sociales y Humanidades, como aquel saber que se orienta a transformar el mundo junto con otros, a coordinar las acciones y el entendimiento. Si la comunicación es algo que puede o no suceder, deshace la centralidad del emisor y deja en suspenso el quehacer del receptor: solo en la potencial existencia de una conexión humana, de un encuentro de sentidos siempre imperfectos, es posible la comunicación. Supone un gesto de confianza, de apertura, y por ello, de riesgo.
Hoy ya sabemos que no existe una verdad, previa a nuestro conocimiento, que está esperando ser revelada; que el conocimiento es un proceso de construcción y no de descubrimiento. Hemos aprendido que las realidades son infinitamente más complejas que las anunciadas por una matriz teórica. (Schmucler, 1984, p.5-6)
Vemos, entonces, cómo teórica y metodológicamente emergen dos ejes centrales del planteo que nos interesan recuperar a continuación. Por un lado, la idea de la comunicación como proyecto, como apertura, cambio, o transformación. Por otro lado, la existencia de un abismo, una ruptura, una grieta, un conflicto, que está en el origen de lo social, y que convoca a tematizar lo que une/lo que separa, como procesos concomitantes.
Para ello, miraremos en los próximos apartados dos campos problemáticos desde la perspectiva propuesta: la vida urbana y las mediaciones tecnológicas. Esos dos elementos son nodales a la hora de pensar la vida en América Latina hoy.
Pensar las tecnologías desde la Comunicación/Cultura
El año 1991 fue un punto de inflexión con relación a lo que algunos llaman la cultura de la conectividad (Van Dijck, 2016). Los científicos del Consejo Europeo para la investigación nuclear diseñaron un navegador/editor y le pusieron el nombre de World Wide Web: www. Dicha invención, junto con el uso masivo de telefonía smartphone, modificó sustancialmente los procesos de producción y reproducción de la vida social.
Como venimos sosteniendo, es imposible pensar la producción científica y la educación superior sin analizar las transformaciones socio-históricas que son parte -y no sólo marco- de la reflexión.
Por ello, y a contramano de muchas lecturas dicotomizantes que polarizan el estudio de la técnica por un lado, y de la cultura por otro; la mirada de la Comunicación/Cultura los construye como debates íntimamente unidos. En concordancia, en otros escritos de Schmucler previos a estos años de creciente digitalización de las prácticas e intercambios sociales; el autor se interrogaba el lugar de las computadoras en la escuela. Las grandes “cajas” que fueron las primeras computadoras, ingresaban a escenarios escolares y modificaban las interacciones pedagógicas. En dicho texto, titulado "La hora de las computadoras. El estudio de la comunicación en América Latina” (Schmucler, 1981), Schmucler tematizó y tensionó las investigaciones latinoamericanas sobre comunicación, los debates en materia de desarrollo y el lugar de la comunicación en estos procesos, proponiendo una constatación vigente: el avance tecnológico implicaba una creciente dependencia continental y un avance tecno-político como específico modelo de desarrollo:
En el mejor de los casos, el país informatizado, con el correr de los años, tendrá una administración más ajustada. Pero lo democrático tiene que ver con la participación de la gente y no con la eficacia instrumental. La informática ha mostrado su excelencia en el mundo de los negocios. El Estado debería ser algo más que un negocio. Si el objetivo buscado es el bienestar –que no se agota en el pan nuestro de cada día– debería ser el referente privilegiado para la elección tecnológica. El pensamiento cibernético, que sólo se inquieta por la eficacia productiva, opera cómodamente entre las máquinas. El desprecio por la memoria histórica habría que pensarlo como parte de la creciente mimetización de los hombres con las máquinas. Éstas sólo necesitan la información necesaria para actuar en el presente. Y actúan bien. Las almas humanas, en cambio, languidecen si no se regocijan en el pasado. (Schmucler, 1986, párr. 5)
En ese sentido, la perspectiva de la Comunicación/Cultura propone estudiar las tecnologías inscritas en las tramas culturales y materiales de nuestras sociedades latinoamericanas. Por ello, la separación entre tecnología y sociedad, y el énfasis en las mediaciones, no debe ser traducido de forma simplista. Es que la presencia de los medios y de las tecnologías de la información se debe sostener como una preocupación teórica que no permita confusiones a la hora de abordarlos en espacios científicos: hablar de tecnologías, redes y plataformas no es sinónimo de una pobreza de crítica o de teoría. Tematizar las tecnologías, por el contrario, no nos ubica lejos de la pregunta por la cultura y las prácticas, sino que es justamente un lugar de interrogación por los procesos socio-culturales que se anudan/ se transforman/ desaparecen/ aparecen con la hegemonía tecnológica del vínculo social. Y a la comunicación le devuelve una pregunta central: ¿cómo se modela la comunicación posible, entendida como proyecto con otros, como desafío nunca garantizado de transformación, en el contexto de hegemonía de la sociabilidad conectada? José Van Dijck (2016) distingue entre conexión humana y conectividad, afirmando que hoy son frecuente e ideológicamente usadas como sinónimos. La autora afirma que hemos pasado de una comunicación en red a una socialidad moldeada por plataformas; de una cultura participativa a una cultura de la conectividad. La comunicación humana, el encuentro significante entre personas y con el mundo, no puede estudiarse con las mismas herramientas que la conectividad, los datos, los algoritmos, de carácter “maquínico”, cuantitativo. Si la velocidad, el almacenamiento y la transparencia son valores de la conectividad, ¿son esos los rasgos definitorios de la comunicación humana?o
La propia palabra “social”, vinculada a estos medios, da por sentado que estas plataformas ponen el centro de interés en el usuario y facilitan la realización de actividades comunitarias, así como el término “participativo” hace hincapié en la colaboración humana. Sin duda es válido entender a los medios sociales como sistemas que facilitan o potencian, dentro de la web, redes humanas; es decir, entramados de personas que promueven la interconexión como un valor social. Las ideas, valores y gustos de los individuos son contagiosos, y se esparcen a través de redes humanas; sin embargo, estas también afectan los modos de hacer y pensar de los individuos que las conforman (Christakis y Fowler, 2009). En igual medida, los medios sociales son sistemas automatizados que inevitablemente diseñan y manipulan las conexiones. Para poder reconocer aquello que las personas quieren y anhelan, Facebook y las demás plataformas siguen el rastro de sus deseos y reducen a algoritmos las relaciones entre personas, cosas e ideas. De esta forma, lo “social” parece abarcar tanto la conexión (humana) como la conectividad (automática), confusión alimentada por muchos CEO (...) Las empresas tienden a hacer hincapié en el primero de estos sentidos (la conexión humana) y a minimizar la importancia del segundo (la conectividad automatizada). (Van Dijck, 2016, p.17-18)
Schmucler, desde una mirada muy crítica de la tecnología como opuesta al “resplandor del espíritu del hombre” (Schmucler en Papalini, 2019, p.468-469) recupera que techné y poiesis eran entendidas en el mundo antiguo como un mismo acto, es decir, un tipo de saber racional, transmisible, conectado a la polis, al espacio del bien común, una acción orientada a fines que eran puestos en discusión. Cuando se las separa, la techné se presenta como opuesta a la poiesis, a la creación, y pasa a ser la no-creación, la repetición sin ética, sin polis, una técnica que domina al mundo y al ser humano porque actúa en ella sin cuestionamientos, sin “acto creador”.
En este sentido, resulta valiosa la operatoria propuesta por Schmucler desde la perspectiva de la Comunicación/Cultura, para procurar no caer en dicotomías tranquilizadoras, signadas por la “o”, sino pensar desde las complejidades, re-instalando a las tecnologías en el seno de las relaciones socio-históricas de las que son parte. Sin embargo, la complejidad es una incitación teórica y metodológica: cómo ordenar científicamente esas relaciones, es parte del reto. Pero también es un desafío político y comunicacional: cómo compartir, comunicar, poner en el espacio público esa complejidad, en tiempos donde todo lo público es rápido, sencillo o, como decía Boito (2016), tiene la forma de discurso publicitario.
Lo dicho hasta aquí señala situaciones problemáticas también para los procesos de enseñanza. En las actuales carreras de comunicación se desarrollan innumerables seminarios y talleres para el desarrollo de habilidades y destrezas en/con las redes sociales, gestión/management, Inteligencia Artificial y diseño en plataformas. Es decir, en reiteradas ocasiones el conocimiento superior actúa enfatizando el carácter instrumental de los saberes que se imparten, considerando a la comunicación como una instancia que ofrece técnicas y soluciones, que pueden ser medidas en términos de eficacia y adhesión. Actualmente resulta dificultoso construir espacios académicos y colectivos para interrogar en el marco de qué procesos sociales de larga data; se han instalado ciertos dispositivos tecnológicos. Pero, además, se hace casi imposible resistir al mandato totalizante de la ideología técnica (Schmucler, 1995) en las prácticas educativas y académicas. Ambas preocupaciones pueden ser pensadas desde la perspectiva de la Comunicación/Cultura.
Es fundamental notar que la pregunta por la inscripción de las tecnologías en marcos socio-históricos y en estructuras de experiencia particulares, se encuentra, anticipadamente, en las reflexiones de Walter Benjamin en “La obra de arte en la época de la reproductibilidad técnica” (2019). Su perspectiva permite dar cuenta de una especie de marco belicoso entre invenciones técnicas, algunas de las cuales sobreviven y se desarrollan, mientras otras perecen.
En el presente, la telefonía celular y la conexión permanente exponen el triunfo de una forma de estar juntos/estar separados, propia del momento actual del capitalismo espectacular. Pero, además, el aliento benjaminiano propone un diálogo llamativamente importante para los tiempos que corren, desde la intencionalidad política que lo habitaba: construir conceptos inapropiables por el fascismo -intención que adquiere formas particulares en cada época-. De allí que el ejercicio de crítica con relación al optimismo tecnológico, señalado por Schmucler, requiere de la continuidad de nuevas lecturas e interpretaciones.
Como venimos afirmando, uno de los ejes de la comunicación, desde la perspectiva del autor argentino, es su apertura en tanto que proyecto, un desafío a lograr que implica a un “otro” abismalmente distinto, que es también dueño del proceso de significación. Entonces, es importante reconocer los sesgos totalitarios no de la técnica en sí, sino de la dinámica de reconocimientos que supone. La idea de reflejar al otro nuestra interioridad, “tal cual es”, puede ser tan violento como difundir masivamente un mensaje con la idea de manipular mentes: ambos suponen que el eje de la comunicación está en modelar al otro, desarrollarlo, que piense -de mi o del mundo- lo que yo quiero, y haga lo que le indico. Fundados en la eficacia de la comunicación, en la ausencia de ruido, en el ideal de la transmisión; la conectividad como indicador de comunicación es una confusión que es necesario debatir. Incluso, combatir.
Pensar la ciudad desde la Comunicación/Cultura
El segundo ingreso que recuperamos en este artículo para pensar desde la Comunicación/Cultura, es la pregunta por aquello que organiza socialmente las formas de estar juntos/estar separados y, en este caso, la organización de la vida social en tanto que vida urbana, forma creciente y hegemónica en nuestro continente.
En este punto, resulta metodológica y epistemológicamente importante una idea que Schmucler desarrolla en el texto de 1984: “No se trata de escribir apartándonos, sino de construir un saber que nos incluya, que no podría dejar de incluirnos” (p.8). Dicha mirada, convoca a una reflexión sobre el propio punto de vista, la ubicación material y simbólica de quien escribe. Resulta un principio epistemológico central para lo que estamos tematizando: quienes escribimos y trabajamos académicamente, en gran medida, llevamos vidas urbanas e integradas al mundo digital. En ese sentido, somos inevitablemente etnocentristas, si no trabajamos seriamente en sentido contrario. Pero esto, lejos de ser una limitación pesimista; es un llamado a la perspectiva materialista del pensamiento y la producción científica.
En esa línea, David Harvey (2004) afirmó que tanto las ideas de un intelectual como las de aquellas personas que habitan los espacios urbanos, “emergen de las calles y los barrios de las ciudades enfermas” (p. xii). La realidad social está siendo constantemente producida y reproducida, y las ciudades son parte de esa producción. Harvey, entonces, nos recuerda que no sólo son producidos los cuerpos, significaciones o sensibilidades de los “otros” que se construyen como objeto de estudio; sino también la perspectiva de las instituciones científicas y los/as investigadores/as. Entonces, la perspectiva de la Comunicación/Cultura repite insistentemente un aporte: las ideas, los sentidos, las prácticas -también las nuestras- son producidas en el seno de específicos contextos socio-históricos. Y las ciudades contemporáneas de países capitalistas periféricos son un contexto muy específico.
Desde la comunicación hace ya muchos años que las ciudades son un objeto de estudio importante, lejos de ser solo “escenario” de prácticas discursivas preconstituidas. La ciudad no es tan solo un orden material sino un orden de sentidos (Lefevbre, 1978). Y los sentidos, como venimos sosteniendo, no se desarrollan “en el aire” sino en condiciones materiales de producción. La vida en ciudades, el desarrollo de la cultura, las relaciones, identidades, colectivos, instituciones; se vinculan de formas complejas con el espacio. Como decíamos, la ciudad es el entorno vital de las mayorías en América Latina, especialmente en países como Argentina, con más del 90% de su población en espacios urbanos.
Por ello, el ejercicio propuesto por Schmucler, de entender las transformaciones históricas para poder pensar la ciencia y su objeto, nos lleva a preguntarnos cómo se relacionan la comunicación como proyecto, con las ciudades y su ordenamiento.
Si veíamos que la perspectiva de la comunicación/cultura intentaba habitar la tensión entre el recorte disciplinar y la transdisciplinariedad banal; el estudio de las ciudades ha sido un campo prolífico de esos pensamientos fronterizos, que apuestan a la complejidad. Lefebvre (1978) sostuvo que las ciencias han fragmentado la realidad para adecuarla como “objeto” pasible de ser estudiado sistemáticamente, como “suma de índices e indicadores, de variables y parámetros, de correlaciones” (Lefebvre, 1978, p.56). Frente a ello, Schmucler refiere a la importancia de la complejidad, que no puede ser clausurada, de una verdad que no está afuera para ser conquistada, sino para ser construida y disputada.
Bajo esta complejidad del espacio social, en las ciudades contemporáneas se presentan ciertos principios ordenadores. En un artículo científico enfocado especialmente en transformaciones en una ciudad intermedia de Argentina, como Córdoba capital; Boito y Salguero Myers (2021) sistematizan los rasgos y dinámicas más relevantes. Se sostiene que dicha ciudad se ha modificado por complejos y convergentes procesos de: i) segregación socio-habitacional y control geopolítico de las poblaciones; ii) embellecimiento estratégico, patrimonialización y turistificación; iii) consolidación de un régimen de velocidad y circulación urbana y digital. En ese texto, se da cuenta de los modos en que dichas tendencias construyen un ordenamiento clasista del espacio urbano, esto es: una desigual distribución de las capacidades de reproducción material y simbólica de la vida de sus habitantes. Tal ordenamiento no es solo físico, material o arquitectónico, sino simbólico, corporal y sensible.
Un principio ordenador fundamental para pensar las ciudades es la construcción de entornos de clase. Estos entornos organizan tanto el detenimiento como la circulación, y se rigen por rasgos y dinámicas comunes: la velocidad, la conectividad, la predecibilidad y la homogeneidad. La tendencia a construir vidas “entre los mismos” no es una novedad. Pero, como afirma Sennett (1997), desdice la idea de la polis como un espacio de debate y convivencia:
En el mundo moderno, la creencia en un destino común sufrió una curiosa división. Las ideologías nacionalistas, lo mismo que las revolucionarias, sostienen que el pueblo comparte un destino. La ciudad, sin embargo, ha falsificado esta afirmación. Durante el siglo XIX, el desarrollo urbano empleó las tecnologías del movimiento, de la salud pública y del confort privado, así como los movimientos del mercado, y la planificación de calles, parques y plazas, para oponerse a las reivindicaciones de las multitudes y privilegiarlas pretensiones de los individuos. Individuos que, como observaba Tocqueville, se sentían “ajenos a los destinos de los demás”; junto con otros observadores del avance del individualismo, (…) al retirarse de la vida común, ese individuo perdería vida. (Sennett, 1997, p.393)
Si, como argumenta Sennett, “la” ciudad como espacio unitario se desmiente en la práctica; entonces las tendencias a la construcción de entornos de clase nos presentan una ciudad de fragmentos, límites y bordes, desigualdades y conflictos que son el marco de las experiencias urbanas.
El entorno es un concepto desarrollado por Boito (2013; Boito y Espoz, 2012) que intenta hacer visible una continuidad con la idea de espectáculo de Debord (1995): lejos de buscar la conmoción y la ruptura con lo instituido, la construcción de entornos en el régimen urbano reafirma el orden esperado, construyendo tiempo/espacios predecibles, individuales, repetitivos, y sensibilidades adormecidas al mundo exterior y a los/as otros/as. Otros no constitutivos, sino distantes y vivenciados como ajenos.
La construcción de entornos requiere ciertas tecnologías, como las políticas de segregación urbana, pero también las tecnologías portátiles y digitales, construyendo entornos seguros y modalidades de desvinculación y encierro. La idea de entorno, entonces,
(…) puede entenderse como el envés de la construcción situacionista orientada a despertar del ensueño y las fantasmagorías que estructuran toda experiencia moderna de ciudad. Aquello configurado como acción/herramienta política tendiente a con-mover los cuerpos entumecidos por las dinámicas territoriales guiadas por la lógica espectacular que rige la vida social (y la regulación del deseo mediante el consumo indiscriminado de mercancías), encuentra hoy su realización perversa: dichos ‘entornos’ cada vez se ubican más próximos al cuerpo - que inclusive los ‘porta’- ob/ligando a los sujetos a configurar sus experiencias en torno a esos límites, en la actualidad primordialmente definidos por las mediaciones técnicas y tecnológicas. Eso supone, además, una transformación en la materia de la imagen que en el entorno adquiere profundidad. (Boito y Espoz, 2012, p.735-736)
Los entornos refieren a expresiones perversas del “estar juntos” implicado necesariamente en la vida urbana. Esto es: vivir en las ciudades masificadas suponen lógicamente vivir con otros desconocidos y diversos. Pero los entornos son, a su vez, la negación de aquel mandato urbano: estar juntos estando separados/seguros de las amenazas del otro, intentando construir situaciones de vida des-afectadas, des-implicadas, “seguro e ignorante” sostuvo Sennett (1997). Así, el concepto de “entorno de clase” nos convoca a pensar en la comunicación como proyecto/ o la ausencia de/. Recuperando nuevamente la expresión de Martín-Barbero (2015): ¿cómo se configura el estar juntos/estar separados?
Así como la ciudad en tanto espacio social es una mediación y es producida continuamente por los sujetos (Harvey, 2004) también, al decir de Lefebvre (1978), prescribe y proscribe sentidos y acciones. “¿Podía la configuración de las piedras proporcionar a los hombres algún control sobre el calor de su carne?”, se preguntaba (Sennett, 1997, p.70).
En línea con lo que venimos planteando desde los aportes de Schmucler, se presenta la pregunta por las características de la comunicación como proyecto en espacios urbanos tan segmentados. ¿Qué aportes pueden hacer las ciencias de la comunicación para pensar el orden social –y las mediaciones tecnológicas y urbanas- a la luz de la propuesta de la Comunicación/Cultura? ¿Podemos, o debemos, desde las instituciones científicas, construir espacios donde las condiciones y principios de interacción no conjuren la complejidad y el peligro de la comunicación humana como proyecto? ¿Es posible en tiempos de hegemonía conectiva y segregacionista?
Conclusiones
En el presente artículo recuperamos, jerarquizamos y analizamos la propuesta teórica de Schmucler sobre la Comunicación/Cultura, a 40 años de su publicación. Partimos de un diagnóstico que afirma que, muchas veces, esta perspectiva es retomada como una forma-slogan, sin ser objeto de nuevas reflexiones que tengan en cuenta los aportes teórico-epistemológicos que son fundamentales: la materialidad del pensamiento y los cambios históricos del par conceptual referido; y el desafío de sostener un compromiso crítico, no resignado, sobre la comunicación como imperativo ético abierto y a ser construido con-otros.
En esa línea, el artículo sistematizó el contexto histórico e intelectual de producción, apostando a retomar no sólo lo que Schmucler dijo en su texto, sino poniendo en práctica su propuesta metodológica: si la verdad no es algo exterior a ser revelado o encontrado, debe ser parte de un proceso de construcción colectivo.
Desde tal perspectiva, sostuvimos que Schmucler realiza un ejercicio dual, cuestionando y construyendo el objeto de estudio de la comunicación como disciplina, pero a la vez destituyendo su calidad de “objeto”. Para Schmucler, la comunicación no es algo presente, observable, sino algo futuro, por-venir. La comunicación no es una cosa dada, sino un proyecto, y propuso para su estudio un ejercicio de in/disciplina: los estudios de comunicación se mantienen unidos como estrategia de pensamiento, sin tener límites ni marcos estables ni rígidos. Así, Schmucler daba vuelta aquello que suele ser vivido como una debilidad científica -la dificultad de definir el objeto de estudio- a una apuesta: mantener abierto los límites de la disciplina para abordar el proyecto, peligroso y sin garantías, de construir sentido con otros.
Tras reconstruir dicha perspectiva, y ponerla en relación con otros autores; el artículo tematizó dos subcampos de reflexión que son las mediaciones tecnológicas y las ciudades. Si la definición de Schmucler (1984) que venimos analizando suponía un proceso de apertura hacia un “otro”, vínculo constituido por su carácter riesgoso y complejo; vimos sin embargo que las ciudades y las tecnologías se presentan como mediaciones protagónicas que conjuran a escala social esa apertura, ese riesgo e, incluso, el encuentro con la otredad. ¿Cómo se modela la comunicación, entendida como proyecto con otros, como desafío nunca garantizado de transformación; en el contexto de una sociabilidad conectada y de ciudades fuertemente segregadas?
Por un lado, presentamos la operatoria propuesta por Schmucler desde la perspectiva de la Comunicación/Cultura, que procura no caer en dicotomías tranquilizadoras, signadas por la “o”, sino pensar desde las complejidades, re-instalando a las tecnologías en el seno de las relaciones socio-históricas de las que son parte. Pero también, y sin contradecir lo anterior, retomamos su temprana insistencia en separar “Informática y Sociedad”, concluyendo que la comunicación humana no es, aunque sea constantemente homologada, similar a la de las máquinas (Schmucler, 1984; Van Dijck, 2016; Peters, 2023). Desde la perspectiva del autor argentino, la comunicación humana es plural, dinámica y conflictiva, adjetivos todo que se alejan de la comunicación propuesta en los entornos digitales: estandarizados, simples, veloces, “transparentes”. Esa confusión que Van Dijck (2016) describe tan tempranamente entre conectividad y conexión humana, se actualiza y repite en la vida cotidiana, como “sentido común”. Por ello, justamente, es que la perspectiva de Schmucler, aunque escrita hace cuatro décadas, mantiene su importancia: porque pone en suspenso la naturalidad de lo cotidiano, y el carácter -ideológico- de inocencia con que se enuncian las tecnologías y su creciente mediación de la vida. Recuperar la perspectiva de la comunicación no centrada en los medios ni en la transmisión, sino en la construcción imperfecta de sentidos siempre sociales y siempre transitorios; transforma en problema -que debemos abordar- aquello que se presenta como “naturaleza” -que solo necesita ser habitada-.
Por otro lado, recuperamos la idea de “entornos” como principios ordenadores de la vida urbana, concepto que nos permitió identificar las tensiones entre la comunicación como proyecto / y las ciudades y su ordenamiento. Este punto, objeto de numerosos antecedentes (Boito y Salguero Myers, 2021; Boito, et.al, 2025; Boito y Espoz, 2012) da cuenta de la organización de ciudades que crecientemente nos disponen para vivir-encontrarnos-trabajar, entre similares. Esas ciudades segregadas no implican sólo un ordenamiento del hábitat sino también de la circulación y de la Comunicación. La velocidad y el aislamiento son los modos predilectos de transitar por el espacio urbano, y el reconocimiento y el encuentro “riesgoso” que supone la comunicación que venimos desarrollando, está crecientemente conjurada por técnicas de conectividad, de movilidad, y de seguridad. Este campo, también se ve enriquecido por la perspectiva de la Comunicación/Cultura, que recupera un abordaje comunicacional sobre la producción de la vida en su totalidad, y no solo en las parcialidades que obturan la relación, por ejemplo, entre comunicación, capitalismo, entornos urbanos, y mediaciones tecnológicas.
El planteo que presentamos supone desafíos al campo de estudios, tanto para el trabajo de investigación como el de docencia. Y, quizás, podemos agregar, no sólo interpelando /nos/ a los sujetos desde el rol académico, sino también como habitantes del mundo digital y de las ciudades del Sur Global.
El proyecto de Schmucler que se ha desarrollado caracteriza y polemiza con su propio tiempo histórico y con las posiciones de ciertos actores que optaban por un "optimismo resignado" (Schmucler, 1984, p.5). Sin embargo, la riqueza teórica que intentamos recuperar ofrece herramientas, también, para intervenir críticamente en el presente. El abordaje desde la tradición de la Comunicación/Cultura permite tematizar crítica y culturalmente la mediatización social y la vida urbana y sus entornos de clase, sin olvidar la pregunta por los horizontes posibles y deseables para la vida como algo que depende enteramente de los sujetos y los colectivos.
Hace pocos años fue publicado en español un texto titulado “Hablar al aire. Una historia de la idea de comunicación” (2023), de John Durham Peters. El autor realiza un amplio recorrido histórico y disciplinario para interrogar cómo se fue configurando la idea de comunicación, desde Sócrates y los evangelios hasta las más recientes tecnologías; desde la forma comunicativa del diálogo hasta la diseminación, desde ideas más próximas sobre la comunicación como puente hasta otras que enfatizan los abismos. Asentado en otra tradición de pensamiento, disímil de Schmucler, Peters permite actualizar algunas de las preocupaciones trabajadas en el presente artículo, particularmente el alerta metodológico y epistémico de que las experiencias deseables sean, crecientemente, predecibles y sin riesgos. Y esta disposición es, desde la propuesta del autor, lo opuesto a la comunicación. Quizás, a contraluz, podemos repensar y construir el proyecto de la comunicación como riesgo, abierto y plural, ampliando los diálogos teóricos y manteniendo con vitalidad las preguntas culturalistas y críticas que recuperamos de Schmucler, así como su carácter inconcluso, abierto, y transdisciplinar.
Lo maravilloso de nuestro contacto con los demás es su libre diseminación, no su comunión angustiosa. La futilidad de nuestros intentos por “comunicar” no es lamentable, es una condición generosa. El concepto de comunicación merece ser liberado de su formalidad y espiritualismo, su exigencia de precisión y acuerdo… el requisito de la mímesis interpersonal puede ser despótico (…): reconocer la otredad espléndida de todas las criaturas que comparten nuestro mundo sin lamentar nuestra impotencia para explotar su interioridad. La tarea es reconocer la alteridad de la criatura, no convertirla en la propia imagen y semejanza. El ideal de la comunicación, como decía Adorno, sería una condición en la cual lo único que sobrevive al hecho deplorable de nuestra diferencia mutua es el deleite que la diferencia hace posible. (Peters, 2023, p.53)
Referencias
Benjamin, W. (2019). La obra de arte en la era de su reproductibilidad técnica. Alianza Editorial.
Boito, M. E. (2016). El consumo: forma de identificación socio-comunicativa hegemónica en el marco del capitalismo como religión. Chasqui. Revista Latinoamericana De Comunicación, Vol. (129), pp. 229–247. https://doi.org/10.16921/chasqui.v0i129.2534
Boito, M. E. (2013). La noción de entorno clasista como encuadre de la experiencia en contextos de socio-segregación. En F. Nievas (comp.), Mosaico de sentidos. Vida cotidiana, conflictos y estructura social. Editora Sociológica CIES.
Boito, M. E. y Espoz, M. B. (2012). Poder, territorio(s) y construcción de entorno: consideraciones políticas y metodológicas de los abordajes sobre cuerpos y emociones. Revista Brasileira de Sociologia Da Emocao; Vol. (11); 33, pp. 725-748.
Boito, M. E.; Salguero Myers, K.; Mazzetti Latini, C, Delgado, M.F.; Ortiz Narvaja, M. M.; Cilimbini, A. (2025). Vida Cotidiana y Tecnologías Digitales: Experiencias de Personas Mayores. Anarchivo.
Boito, M. E. y Salguero Myers, K. (2021). Transformaciones socio territoriales y comunicación. Tres procesos implicados en el ordenamiento clasista de la ciudad de Córdoba (Argentina). Revista Pilquen. Sección Ciencias Sociales. Vol. (24), Núm. 3, pp. 27-45. https://revele.uncoma.edu.ar/index.php/Sociales/article/view/3393
De Certeau, M. (2004). La cultura en plural. Nueva Visión.
Debord, G. (1995). La sociedad del espectáculo. La Marca.
García Canclini, N. (2004). Diferentes, desiguales y desconectados: mapas de la interculturalidad. Gedisa.
Hall, S. (2006). Estudios culturales: dos paradigmas. Revista Colombiana de Sociología, (27), 233–254. https://revistas.unal.edu.co/index.php/RECS/article/view/7981
Harvey, D. (2004). El nuevo imperialismo: acumulación por desposesión. Akal.
Jelin, E. (1987). Movimientos sociales y democracia emergente. Centro Editor de América Latina.
Laclau, E. y Mouffe, C. (1987). Hegemonía y estrategia socialista: hacia una radicalización de la democracia. Siglo Veintiuno Editores.
Lefebvre, H. (1978). El derecho a la ciudad. Península.
Martín-Barbero, J. (1987). De los medios a las mediaciones: comunicación, cultura y hegemonía. Gustavo Gili.
Martín-Barbero, J. (2015). ¿Desde dónde pensamos la comunicación hoy? Revista Chasqui, (128) 12–29.
Papalini, V. (Ed.). (2019). La memoria, entre la política y la ética: textos reunidos de Héctor Schmucler (1979–2015). CLACSO.
Peters, J. D. (2023). Hablar al aire: una historia de la idea de comunicación. Fondo de Cultura Económica.
Sennett, R. (1997). Carne y piedra: el cuerpo y la ciudad en la civilización occidental. Alianza Editorial.
Schmucler, H. (1984). Un proyecto de comunicación/cultura. Revista Comunicación y Cultura, (12), 3–8. Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco.
Schmucler, H. (1981). La hora de las computadoras: el estudio de la comunicación en América Latina. [Archivo PDF] Repositorio de Documentación en Ciencias de la Comunicación, ITESO, Universidad Jesuita de Guadalajara, 47–62. https://ccdoc.iteso.mx/acervo/cat.aspx?cmn=search&fulltext=creator%3A%22SCHMUCLER+H%C3%A9ctor%22
Schmucler, H. (1995). Ideología y optimismo tecnológico. Redes: Revista de Estudios Sociales de la Ciencia, 2(5), 175–188. http://ridaa.unq.edu.ar/handle/20.500.11807/470
Van Dijck, J. (2016). La cultura de la conectividad: una historia crítica de las redes sociales. Siglo Veintiuno Editores.
Williams, R. (2000). Marxismo y literatura. Península.
Notas
Información adicional
Roles de autoría: Las autoras estuvieron a cargo de todos los roles. Manifiestan no tener conflictos de interés alguno: .
Información adicional
redalyc-journal-id: 8221