Artículos
Encuadres en red: bases teóricas para el análisis del framing en entornos digitales
Networked frames: theoretical foundations for framing analysis in digital environments
Encuadres en red: bases teóricas para el análisis del framing en entornos digitales
Intersecciones en Comunicación, vol. 1, núm. 20, pp. 103-119, 2026
Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires

Recepción: 04 Mayo 2026
Aprobación: 17 Junio 2026
Resumen: El artículo revisa los fundamentos teóricos del framing como programa de investigación multiparadigmático e integral y examina las limitaciones del modelo de activación en cascada (Entman, 2003, 2004) frente a las transformaciones que introduce la circulación de encuadres en plataformas digitales. A partir de ese diagnóstico, recupera el modelo de Activación de Encuadres en Red (Network Activated Frames, NAF) (Aruguete, 2021) y desarrolla sus bases teóricas con el propósito de ofrecer herramientas analíticas para el estudio del framing process en entornos digitales en formato de redes. El argumento se apoya en tres dimensiones complementarias: las decisiones individuales de los usuarios, la topología de la red como condicionante estructural y la resonancia cultural como mecanismo de activación. El debate sobre la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) en la Argentina (Calvo, Aruguete, Ingrassia y Gómez Wagner, 2021) se utiliza como caso ilustrativo para mostrar cómo distintas comunidades amplifican encuadres localmente dominantes en función de su congruencia con los repertorios interpretativos compartidos. El artículo concluye discutiendo la articulación del NAF con el frame-building y los estudios sobre efectos de encuadre, con el objetivo de reconstruir el ciclo completo de producción, circulación y recepción de los marcos interpretativos en el ecosistema comunicacional actual.
Palabras clave: encuadre, activación de encuadres en red, redes sociales, resonancia cultural.
Abstract: This article reviews the theoretical foundations of framing as a multiparadigmatic and integrative research program and examines the limitations of the cascading activation model (Entman, 2003, 2004) in the context of frame circulation through digital platforms. Building on that assessment, it recovers the Network Activated Frames (NAF) model (Aruguete, 2021) and develops its theoretical bases as analytical tools for studying the framing process in reticular environments. The argument rests on three complementary dimensions: individual user decisions, network topology as a structural condition, and cultural resonance as an activation mechanism. The debate over Argentina's Voluntary Interruption of Pregnancy Law (IVE) (Calvo, Aruguete, Ingrassia y Gómez Wagner, 2021) serves as an illustrative case to show how different communities amplify locally dominant frames based on their alignment with shared interpretive repertoires. The article concludes by discussing how the NAF articulates with frame-building and framing effects research, with the aim of reconstructing the full cycle of production, circulation, and reception of interpretive frames in today's media ecosystem.
Keywords: framing, network activated frames, social media, cultural resonance.
1. Introducción
Durante décadas, la investigación en comunicación política construyó sus modelos sobre una premisa que rara vez fue problematizada: que el sistema comunicacional tiene una forma piramidal. En esa arquitectura, los gobiernos y las élites ocupan la cima, los medios tradicionales operan como nodo central de la circulación informativa y las audiencias reciben, en la base, los encuadres que descienden desde arriba. La teoría del indexing, que vincula la cobertura periodística con el espectro de opiniones de las élites políticas (Bennett, 2012); los estudios sobre hegemonía mediática, que analizan el papel de los frames en la reproducción del orden dominante (Gitlin, 2003) y el modelo de activación en cascada, que rastrea la propagación vertical de los encuadres desde los gobiernos hacia las audiencias (Entman, 2004), comparten ese supuesto. Aún cuando cada uno de ellos ofrece herramientas para abordar las diversas instancias del proceso comunicacional, presentan limitaciones cuando se trata de indagar en entornos en los cuales los mensajes no fluyen verticalmente sino que circulan, se amplifican y se transforman en el interior de comunidades organizadas en red.
La expansión de las plataformas digitales modificó de manera significativa las condiciones en las que circulan los encuadres sobre los asuntos públicos. Los contenidos ya no dependen exclusivamente de medios periodísticos y actores institucionales para alcanzar visibilidad, sino que son seleccionados, compartidos, reinterpretados y amplificados por usuarios que participan activamente de su circulación. Esos procesos introducen dinámicas que los modelos clásicos del framing no estaban equipados para capturar, especialmente aquellas que tienen que ver con la formación colectiva de encuadres en el interior de comunidades y con el papel de la resonancia cultural como condición de su activación y propagación.
Frente a ese escenario, resulta productivo volver sobre el modelo de activación en cascada desarrollado por Entman (2003, 2004) y revisado junto con Usher (2018). Su potencia para pensar la circulación de encuadres en sistemas comunicacionales complejos sigue siendo considerable. Pero las transformaciones asociadas a las redes sociales plantean interrogantes sobre su capacidad para explicar formas de circulación organizadas en torno a comunidades, interacciones horizontales y procesos de amplificación distribuidos. Partiendo de esa discusión, este artículo recupera el modelo de Activación de Encuadres en Red (Network Activated Frames, NAF) (Aruguete, 2021) y desarrolla sus bases teóricas con el propósito de ofrecer herramientas conceptuales y analíticas para el estudio del proceso de encuadre en entornos digitales en formato de redes.
Este trabajo sistematiza las bases teóricas del NAF con vocación pedagógica, inscribe al modelo dentro del programa de investigación del framing y establece su diferencia respecto del modelo de activación en cascada. Con ese propósito, examina cómo el NAF puede articularse con el frame-building y con los estudios sobre efectos de encuadre para reconstruir el ciclo completo de producción, circulación y recepción de marcos interpretativos en entornos digitales. El argumento se apoya en evidencia empírica del debate sobre la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) en la Argentina, un caso que permite observar los componentes del modelo operando de manera simultánea.
El artículo se organiza como sigue. La segunda sección presenta el framing como programa de investigación integral y multiparadigmático, con énfasis en los conceptos más productivos para el análisis de la circulación de encuadres. La tercera describe el modelo de activación en cascada propuesto por Entman (2003, 2004), sus alcances y sus límites frente al ecosistema digital actual. La cuarta introduce los mecanismos que explican cómo se forman y propagan los encuadres en redes digitales: la homofilia, la atención selectiva, las cámaras de eco y los encuadres locales. La quinta profundiza en el modelo NAF, sus componentes y su potencial analítico, ilustrados con el caso de la IVE. La sexta discute las posibilidades y límites del modelo como herramienta de investigación y su articulación con el frame-building y los estudios de efectos de encuadre. El artículo cierra con algunas reflexiones sobre las implicancias del NAF para el estudio del framing en el nuevo entorno mediático.
2. El framing como programa de investigación integral
2.1. Frame y framing: dos caras del mismo proceso
Framing y frame son términos que suelen usarse de manera intercambiable en la bibliografía especializada. No obstante, designan fenómenos distintos que conviene precisar. El framing alude al proceso activo, dinámico e interactivo de producción, circulación y reproducción de significados socialmente compartidos. Los frames, en cambio, son el resultado de ese proceso. En palabras de Reese (2001, p.11) “principios organizadores compartidos socialmente y persistentes en el tiempo, que trabajan simbólicamente para estructurar el mundo social de modo significativo”. El framing es lo que hacen los periodistas, los actores políticos, los usuarios de redes digitales y las audiencias cuando interpretan y comunican los asuntos públicos; los frames son las huellas que ese proceso deja en los textos, en las conversaciones y en los esquemas mentales de quienes los reciben.
A esta definición conceptual es posible añadir una operacional, ampliamente utilizada en la investigación empírica y formulada por Entman (1993). De acuerdo con el académico norteamericano, “encuadrar es seleccionar algunos aspectos de la realidad percibida y darles relevancia en un texto comunicativo, de modo que se promueva una definición particular del problema, una interpretación causal, una evaluación moral y una recomendación de tratamiento” (p. 52). Esas cuatro funciones —definir, atribuir causas, evaluar moralmente y proponer soluciones— pueden ser rastreadas empíricamente en los textos (Matthes y Kohring, 2008; Koziner, 2021). Ambas definiciones son complementarias: la de Reese subraya el carácter cultural y socialmente compartido de los frames; la de Entman ofrece un punto de entrada para su identificación en textos mediáticos y discursos públicos.
El argumento que nos interesa resaltar en este punto es que los frames no son simplemente temas o puntos de vista. Son principios organizadores que estructuran la manera en que un asunto es comprendido, evaluado y discutido. Por eso, cuando un encuadre logra resonancia en una comunidad, no solo informa: orienta la interpretación y, con ella, las disposiciones a actuar.
2.2. Un programa multiparadigmático e integral
Pocos conceptos en la investigación en comunicación han generado tanta variedad de definiciones, enfoques y métodos como el framing. Esa variedad ha sido interpretada en ocasiones como una señal de debilidad teórica —Entman (1993) lo caracterizó como un “paradigma fracturado”— pero puede ser leída de manera radicalmente distinta. D'Angelo (2002, 2012) formuló con claridad esta segunda lectura que sostiene que el framing no es un paradigma único con definiciones estandarizadas y métodos fijos, sino un programa de investigación multiparadigmático que reúne tres grandes tradiciones —la cognitiva, la constructivista y la crítica— articuladas en torno a un núcleo común de premisas sobre la naturaleza y el poder de los encuadres mediáticos (Koziner, 2015; Marín Albaladejo y Zamora Medina, 2014). Distintas definiciones de frame y framing pueden coexistir productivamente en la medida en que cada una aporte herramientas específicas para el estudio de una instancia particular del proceso comunicacional y se inserte en un programa más amplio (Scheufele, 1999).
Cada paradigma se articula con una de las instancias de ese proceso. El cognitivo se interesa por los efectos de los encuadres en los esquemas mentales de las audiencias: qué pensamientos activan, cómo modifican interpretaciones previas, de qué modo condicionan evaluaciones y decisiones (Price, Tewksbury y Powers, 1997). El crítico pone el foco en las relaciones de poder que atraviesan la producción de encuadres —el frame-building—, en las huellas que esas relaciones dejan en los textos y en su papel en la reproducción de la hegemonía (Gitlin, 2003; Koziner, 2022). El constructivista, el más interactivo de los tres, concibe a los frames como paquetes de recursos simbólicos que circulan en una cultura y que periodistas, fuentes y audiencias negocian permanentemente en el proceso de dar sentido al mundo social (D'Angelo, 2002; Reese, 2007).
Lejos de ser una debilidad, en esta diversidad radica uno de los puntos fuertes del Framing. Como señala D'Angelo (2002), la variedad paradigmática ha conducido a una visión comprensiva del proceso de encuadre, no a descubrimientos fragmentados en agendas de investigación aisladas. Lo que sostiene la unidad del programa es un conjunto de premisas compartidas: que los frames son unidades temáticas que organizan los textos mediáticos, que moldean distintos niveles de la realidad social, que interactúan con las estructuras cognitivas y culturales de quienes los reciben y que estructuran los diálogos públicos sobre las cuestiones políticas.
La noción de integralidad merece una atención particular. En una de sus acepciones, la idea de integrar significa reunir. Así, el framing permite desarrollar modelos que abarcan todas las instancias del proceso comunicacional. En otra de sus acepciones, integrar significa encajar en: cada investigación particular puede ser una contribución específica que se inserta en un programa más amplio sin pretender agotarlo (D'Angelo, 2012; Koziner, 2015). Esta segunda acepción es especialmente relevante para el argumento de este artículo, dado que el modelo NAF, como se verá más adelante, no pretende reemplazar al programa existente sino encajar en él como una herramienta para una instancia del proceso que los modelos anteriores no habían podido capturar con precisión.
2.3. El paradigma constructivista como punto de partida
Entre los tres paradigmas, el constructivista es el que mejor se articula con el análisis de la circulación de encuadres en redes digitales. A diferencia de la perspectiva cognitiva —centrada en los efectos individuales de los encuadres— y de la crítica —que enfatiza las relaciones de poder que condicionan su producción—, el constructivismo concibe el framing como un proceso dinámico e interactivo de construcción de la realidad social en el que la cultura opera como un repertorio compartido de recursos interpretativos (Gamson y Modigliani, 1989; Van Gorp, 2007). Los frames están arraigados en las convenciones culturales y en las tradiciones narrativas de una comunidad. Emergen, de este modo, de la interacción permanente entre los recursos simbólicos disponibles y los esquemas interpretativos que los individuos ponen en juego al procesar información (Reese, 2007).
De esta premisa se desprende una consecuencia central para el análisis. Un encuadre se activa y se propaga cuando logra resonancia cultural, es decir, cuando convoca creencias, valores y experiencias compartidas que ya forman parte del repertorio interpretativo de una comunidad (Entman, 2004). La resonancia no es una propiedad intrínseca del mensaje sino una relación entre el mensaje y el contexto cultural en el que circula. Comprender por qué ciertos encuadres se activan y otros no requiere atender tanto a las características del texto como al entorno social y cultural en el que circula. Esa premisa, construida originalmente para pensar la relación entre medios tradicionales y audiencias, adquiere una nueva dimensión cuando los mensajes circulan en redes y son los propios usuarios quienes deciden qué amplificar y qué ignorar. De esa tensión se ocupa el resto del artículo.
3. El modelo de activación en cascada: alcances y límites en el ecosistema digital
3.1. La cascada como metáfora del poder
El modelo de activación en cascada, desarrollado por Robert Entman (2003, 2004), apunta a responder a una pregunta concreta: cuando los encuadres que proponen los gobiernos y las élites políticas comienzan a circular en el sistema comunicacional, ¿llegan intactos a las audiencias o son modificados en su trayecto? ¿Qué actores tienen capacidad de desafiarlos y bajo qué condiciones?
Entman concibe el sistema comunicacional como un conjunto de estratos dispuestos verticalmente. Los gobiernos ocupan la cima como principales promotores de encuadres sobre los asuntos de política exterior e interior. Debajo de ellos se ubican las élites no administrativas —actores políticos, think tanks, grupos de interés y expertos— con capacidad de cuestionar o reforzar los encuadres oficiales. Los medios de comunicación y sus textos conforman el tercer estrato: procesan, seleccionan y amplifican —o bloquean— los encuadres que circulan desde arriba. Las audiencias, con sus esquemas mentales preexistentes, median la recepción en la base. La metáfora de la cascada describe ese recorrido: los encuadres se inician en la cima y descienden hacia la base, ganando o perdiendo fuerza según la resistencia que encuentren en cada estrato.
El aporte central del modelo reside en su capacidad para analizar ese recorrido en profundidad. Entman no supone que los encuadres gubernamentales lleguen siempre intactos a las audiencias. Cada estrato hace su contribución a la mezcla y al flujo de ideas. Los medios pueden activar selectivamente algunos elementos de encuadre e ignorar otros, alterando la definición de la situación que el gobierno intenta instalar. Para que un contra-encuadre logre desafiar al oficial, sin embargo, no basta con bloquear ciertos contenidos. Es preciso promover palabras e imágenes notables y culturalmente resonantes que cubran las funciones básicas del encuadre —definición del problema, atribución causal, evaluación moral y recomendación de tratamiento— y sean internalizadas como una alternativa coherente al marco que cuestionan (Koziner, 2022).
El caso del 11 de septiembre de 2001 en los Estados Unidos ilustra con claridad ese funcionamiento. Luego de los atentados, el gobierno de George W. Bush propuso un encuadre preciso: los hechos constituían un acto de guerra perpetrado por un enemigo demoníaco. Ese encuadre buscaba unir al país y justificar una respuesta militar. Los medios activaron selectivamente algunos de sus elementos, como el carácter excepcional del ataque y la necesidad de respuesta, mientras ignoraron o matizaron otros. Tal es el caso de la caracterización religiosa del adversario. Al hacerlo, alteraron la definición de la situación que la Casa Blanca intentó instalar, aunque sin llegar a producir un contra-encuadre que la desafiara con fuerza semejante (Entman, 2004).
3.2. Las limitaciones del modelo en el ecosistema digital
La potencia explicativa del modelo de activación en cascada se apoya sobre supuestos que resultaban razonables para describir sistemas comunicacionales en los que los medios tradicionales eran el nodo central de la circulación informativa. Las jerarquías eran predecibles, el flujo de la información predominantemente vertical y descendente y los actores con mayor poder de encuadrar también los más visibles y reconocibles. Esos supuestos permitieron formular preguntas precisas sobre las condiciones bajo las cuales los medios logran —o no— desafiar los encuadres oficiales.
En las redes, ninguno de estos supuestos se sostiene sin matices. Las jerarquías existen pero no son estables: un usuario sin trayectoria institucional puede convertirse circunstancialmente en una autoridad de la red si sus mensajes logran resonancia en una comunidad. Los mensajes no solo circulan verticalmente sino también entre pares, se amplifican en distintas regiones de la red y producen combinaciones singulares de contenidos que difieren según la comunidad en la que circulan. Quienes concentran mayor poder de encuadrar no siempre son los más visibles en el espacio público tradicional: pueden ser usuarios anónimos cuyos mensajes son masivamente compartidos dentro de un entorno específico.
Frente a estas transformaciones, Entman y Usher (2018) propusieron una revisión del modelo original bajo el nombre de Cascading Network Activation Model. La propuesta incorpora el papel de las plataformas digitales, los algoritmos y los actores no institucionales en el proceso de circulación de encuadres y se pregunta si las denominadas “válvulas de bomba” digitales —plataformas, analítica digital, medios ideológicos, cuentas falsas— democratizan el flujo comunicacional al erosionar las jerarquías o, por el contrario, consolidan la fragmentación social y la polarización política. Se trata de un avance significativo respecto del modelo original, en tanto reconoce que el ecosistema digital transforma las condiciones de posibilidad del proceso de encuadre.
No obstante, el modelo revisado conserva la lógica estratificada como marco de referencia: sigue concibiendo a la circulación de encuadres como un proceso que se inicia en actores con poder institucional y desciende hacia las audiencias, aunque ahora mediado por plataformas y algoritmos. Lo que permanece fuera de su alcance es el hecho de que los encuadres no solo desciendan sino que también se construyan colectivamente en el interior de comunidades, a partir de decisiones individuales de aceptar o ignorar contenidos, condicionadas por estructuras topológicas que no tienen equivalente en los sistemas comunicacionales jerárquicos (Aruguete, 2021). Esa es la dimensión que el modelo NAF procura incorporar. Antes de analizarlo, conviene detenerse en los mecanismos que la hacen posible.
4. La dinámica reticular: cómo se forman y propagan los encuadres en redes digitales
4.1. Redes, nodos y jerarquías enredadas
Para dar cuenta de cómo circulan los encuadres en redes digitales, conviene partir de una descripción, aunque sea esquemática, de cómo funcionan estas plataformas como estructuras topológicas. Una red social virtual puede pensarse como un conjunto de nodos —los usuarios— interconectados mediante aristas —las acciones que los vinculan: repostear, responder, cliquear “me gusta”—. Lo que distingue a estas estructuras de los sistemas comunicacionales jerárquicos no es la ausencia de jerarquías sino su naturaleza. En lugar de posiciones fijas y predeterminadas, las redes sociales se organizan según lo que Anderson (1983) denominó jerarquías enredadas, estructuras en las que los nodos pueden ocupar posiciones distintas y múltiples según el contexto, el tema y el momento. Un usuario puede ser periférico en una conversación y central en otra; puede tener escasa visibilidad institucional y, al mismo tiempo, una enorme capacidad de propagación dentro de su comunidad.
Esa organización topológica tiene consecuencias directas sobre la circulación de los encuadres. A diferencia de lo que ocurre en sistemas de comunicación de masas —donde un mensaje emitido por un medio de alcance nacional llega simultáneamente a audiencias dispersas—, en las redes sociales los mensajes circulan de manera segmentada: cada usuario accede a una porción de la información disponible, filtrada por sus decisiones previas de conexión y por los algoritmos que sistematizan esas decisiones. El resultado es que distintas regiones de la red pueden estar expuestas a versiones muy diferentes de un mismo acontecimiento, organizadas en torno a encuadres localmente dominantes que no necesariamente coinciden entre sí. Lejos de tratarse de un proceso de circulación uniforme, la dinámica de amplificación diferencial produce mundos informativos paralelos que coexisten sin necesariamente entrar en contacto.
4.2. Homofilia y polarización afectiva: los mecanismos subjetivos de la agrupación
¿Por qué los usuarios se agrupan con quienes piensan de manera similar? La respuesta no es únicamente tecnológica sino también social y psicológica. Los individuos se unen a comunidades con las cuales comparten valores, se afilian a colectivos sociales que refuerzan sus creencias previas y evitan la exposición sostenida a contenidos que generan disonancia cognitiva (Festinger, 1962). Este fenómeno, conocido como homofilia, tiene en las redes sociales una contraparte estructural: las conexiones homofílicas producen interconexiones densas a nivel local que, con el tiempo, condicionan el comportamiento de los usuarios y delimitan el universo de contenidos al que están expuestos (Barberá, 2015).
A este mecanismo se suma otro de naturaleza más afectiva que racional. Diversos investigadores incorporaron el concepto de polarización afectiva para dar cuenta de alineamientos entre individuos que exceden su posicionamiento racional sobre los asuntos públicos (Mason, 2013, 2015; Kalmoe y Mason, 2022). Tal como señala Mason (2015), las identidades políticas se consolidan no tanto a partir de acuerdos ideológicos precisos sino a partir de vínculos emocionales con el propio grupo y de animadversión hacia el grupo adversario. En las redes sociales, ese componente afectivo opera con particular intensidad: los usuarios buscan información consistente con sus creencias y contenidos que refuercen su sentido de pertenencia. La proximidad ideológica y la proximidad topológica se retroalimentan; quienes están ideológicamente más cerca también tienden a estar virtualmente más conectados entre sí.
4.3. Atención selectiva, cámaras de eco y burbujas de filtro
De la homofilia y la polarización afectiva se deriva un fenómeno con implicancias directas para la circulación de encuadres: la atención selectiva. En redes sociales, ningún usuario puede visualizar toda la información que circula; tan solo accede a una pequeña porción, determinada por sus decisiones previas de interconexión y por los criterios algorítmicos que organizan su feed. Esa atención selectiva tiende a favorecer los contenidos producidos por usuarios ideológicamente afines y a invisibilizar los que provienen de comunidades distantes (Himelboim, Smith y Shneiderman, 2013).
Con el tiempo, la atención selectiva deviene cámara de eco. Los algoritmos sistematizan las decisiones de los usuarios, identifican los contenidos con los que interactúan y les entregan mensajes política e ideológicamente consistentes con sus preferencias (Aruguete y Calvo, 2018). A este proceso se suma el de las burbujas de filtro (Pariser, 2011): las preferencias de los usuarios que habitan una misma región de la red se vuelven localmente homogéneas no sólo porque eligen contenidos similares sino porque los algoritmos amplifican esa homogeneidad al entregarles versiones cada vez más ajustadas a sus perfiles. Publican, validan y comparten contenidos que se asemejan a los de sus pares conectados, lo que refuerza la coherencia interna de la comunidad y profundiza su distancia respecto de otras.
Cámaras de eco y burbujas de filtro son, así, el resultado de la interacción entre las decisiones subjetivas de los usuarios —a quién seguir, qué compartir, qué ignorar— y la matemática de las redes en las que esas decisiones se inscriben y amplifican. Tal como señalan Calvo y Aruguete (2020), cualquier elemento de encuadre que asume la topología de una red es aumentado, y no solo replicado, por los contactos de cada usuario.
4.4. Encuadres locales y autoridades de red
De los mecanismos descritos hasta aquí emerge un concepto central para comprender la circulación de encuadres en redes sociales: el de encuadres locales. A diferencia de lo que ocurre en espacios discursivos donde las personas están expuestas a encuadres en competencia (Chong y Druckman, 2007), en las redes los marcos interpretativos se forman colectivamente en el interior de las comunidades, a partir de decisiones individuales de compartir o ignorar los contenidos de aquellos a quienes cada usuario está conectado. Se trata de encuadres homogéneos a nivel local que surgen de la aceptación de contenidos congruentes con los valores dominantes en una comunidad; los mensajes que no coincidan con esos esquemas tienden a quedar bloqueados y su difusión, desalentada en esa región de la red.
Las denominadas autoridades de la red desempeñan un papel específico en ese proceso. Se trata de los autores de mensajes originales con alto nivel jerárquico —en términos de seguidores y de capacidad de propagación— que tienen la posibilidad de promover determinadas narrativas entre los usuarios de bajo rango que los rodean. Sin embargo, el hecho de que una autoridad proponga un determinado encuadre no garantiza que el resto de los usuarios lo adopten. La conformación de encuadres en distintas regiones de la red depende de que esos mensajes sean ofrecidos —no impuestos— y de que tengan resonancia cultural con los esquemas interpretativos de la comunidad que los recibe (Aruguete, 2021). La autoridad de la red es una condición necesaria pero no suficiente para la activación de un encuadre, pues ese proceso requiere de la participación colectiva.
El rol de autoridad en una red no es, por lo tanto, equivalente al de las élites políticas del modelo de activación en cascada. Su poder no deriva de su posición institucional sino de su capacidad de producir mensajes que resuenen en una comunidad específica y sean activamente amplificados por sus miembros. Con el paso del tiempo, la atención selectiva sedimenta en encuadre interpretativo: los mundos informativos de los usuarios convergen con los de sus contactos virtuales y los marcos a través de los cuales comprenden los asuntos públicos se consolidan en comunidades que los refuerzan de manera permanente. Esa dinámica —colectiva en su resultado, individual en sus decisiones de base, topológica en su condicionamiento estructural— es la que el modelo NAF procura capturar.
5. El modelo de Activación de Encuadres en Red (NAF): componentes y potencial analítico
5.1. De la cascada a la red: una resignificación necesaria
El modelo de activación en cascada fue diseñado para explicar un tipo de circulación específico: el de los encuadres que se propagan verticalmente en sistemas comunicacionales estratificados, donde el poder de encuadrar está concentrado en quienes ocupan las posiciones más altas de la pirámide. Su potencia para analizar las relaciones entre élites, medios y audiencias en ese tipo de sistemas sigue siendo considerable. Sin embargo, aplicar sus parámetros analíticos a entornos reticulares implica forzar categorías que fueron construidas para describir una lógica diferente: la de la jerarquía estable, el flujo descendente y el actor institucional como principal promotor de encuadres.
En las redes sociales, los mensajes circulan de manera dinámica y los encuadres se construyen colectivamente en el interior de comunidades, a partir de decisiones individuales condicionadas por estructuras topológicas. Partiendo de ese diagnóstico, Aruguete (2021) propuso el modelo de Activación de Encuadres en Red (Network Activated Frames, NAF) como una herramienta que permite explicar cómo se estructura un encuadre local de manera dinámica y reticular y advertir que tales encuadres no descienden ni son disputados en sistemas comunicacionales verticales con jerarquías predeterminadas, sino que emergen de manera reticular a partir de decisiones individuales, condicionadas por estructuras orgánicas, de aceptar o ignorar contenidos cuya resonancia cultural resulte compatible con los mundos de la vida virtuales de quienes los reciben.
Lo que este artículo se propone respecto de esa formulación original es desarrollar sus bases teóricas de manera sistemática, identificar con precisión los niveles de análisis que el modelo articula y mostrar, a través del caso de la IVE en la Argentina, cómo esos niveles operan de manera simultánea en una situación empírica concreta. Este desarrollo despliega el modelo como herramienta analítica utilizable en investigaciones sobre framing en entornos digitales.
5.2. Los dos niveles del modelo
El NAF opera en dos niveles que se complementan y condicionan mutuamente. El primero es el subjetivo: el de las decisiones individuales de los usuarios de aceptar, compartir o ignorar determinados contenidos. Esas decisiones no son aleatorias ni puramente racionales; están atravesadas por la congruencia o disonancia cognitiva que produce el contenido al que cada usuario está expuesto como resultado de sus conexiones previas. Si el contenido desafía sus creencias, puede generar disonancia cognitiva (Festinger, 1962) y debilitar la estructura de la red local a la que pertenece. Si es congruente con sus esquemas interpretativos, es más probable que sea aceptado, compartido y amplificado. Los usuarios no solo procesan mensajes guiados por sus prioridades ideológicas conscientes sino que también ponen en juego mecanismos de identificación afectiva con su comunidad que operan por debajo del umbral de la deliberación racional.
El segundo nivel es el estructural: el de la topología de la red como condicionante de esas decisiones individuales. La organización de las redes sociales como estructuras jerárquicas en las que algunos nodos concentran muchas conexiones y otros tienen muy pocas, no es un dato neutral. En X/Twitter, por ejemplo, las autoridades de la red tienen la capacidad de propagar determinadas narrativas entre los usuarios de bajo rango que las rodean y que son impulsados a compartir rápidamente los mensajes que los interpelan afectivamente. Esa estructura jerárquica no elimina la agencia de los usuarios pero la condiciona: los elementos de encuadre con los que una comunidad tiene afinidad quedan sobrerrepresentados en los muros de sus miembros y se propagan con menor resistencia. La red no es, en ese sentido, solo un canal de circulación sino un amplificador selectivo de encuadres.
La interacción entre ambos niveles es lo que produce los encuadres locales descritos en la sección anterior, pues son construcciones colectivas que emergen de la intersección entre las decisiones subjetivas de los usuarios y la lógica orgánica de la red.
5.3. La resonancia cultural como condición de activación
Un encuadre se activa porque resuena con los esquemas interpretativos previos de los usuarios de una comunidad. Esa resonancia depende de que el mensaje convoque creencias, valores y experiencias compartidas que ya forman parte del repertorio cultural de esa comunidad. De allí que la activación de narrativas en redes sociales pueda ser estudiada desde el modelo de activación del conocimiento (Price, Tewksbury y Powers, 1997): los usuarios dejan ingresar determinados dispositivos narrativos con los que actualizan sus esquemas individuales y completan vacíos en la información disponible.
Este comportamiento subjetivo tiene consecuencias topológicas. En la medida en que los usuarios aceptan y republican ciertos contenidos e ignoran otros, alteran la frecuencia con la que ellos mismos observan palabras, enlaces y etiquetas, al tiempo que los vuelven visibles en los feeds de sus pares conectados. El mundo discursivo que comparten guarda coherencia desde el momento en que los contactos habilitados para transmitir información comunican contenidos consistentes entre sí y compatibles con las preferencias y creencias de quienes los reciben. La resonancia cultural no es sólo una condición de activación de un encuadre sino también un mecanismo de consolidación de la comunidad que lo sostiene.
5.4. El NAF en acción: el debate sobre la IVE en Argentina
El debate sobre la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) en la Argentina, analizado en el proyecto #ESLEY (Calvo, Aruguete, Ingrassia y Gómez Wagner, 2021) y en trabajos posteriores (Aruguete, 2023), permite observar los tres componentes centrales del NAF operando de manera simultánea. El análisis de la propagación de mensajes relativos a la consideración y aprobación de la ley en Twitter durante 2020 identificó tres comunidades primarias: la comunidad Verde, la comunidad del Frente de Todos y la comunidad Celeste, asociada al sector de Juntos por el Cambio, la fuerza política que se oponía a la IVE.
El primer componente que el caso ilustra es la existencia de comunidades localmente homogéneas con encuadres claramente diferenciados. La comunidad Verde amplificó, de manera consistente, encuadres que priorizaron la ampliación de derechos: la reducción de la violencia de género y la preservación de la salud mediante el aborto legal y seguro. La comunidad Celeste, en cambio, amplificó encuadres de base religiosa y priorizó la vinculación con términos del movimiento pro-life de los Estados Unidos, tales como “salvemos las 2 vidas”. Tal como señalan Calvo, Aruguete, Ingrassia y Gómez Wagner (2021), esta última referencia carece de resonancia cultural a nivel local pero activa a sectores conservadores con conexiones internacionales. Se trata de un ejemplo ilustrativo de un encuadre que no logra propagarse más allá de su comunidad de origen precisamente porque su resonancia es sectorial y no se extiende al repertorio cultural más amplio.
El segundo componente observable es el rol diferenciado de las autoridades de red en cada comunidad. En la comunidad Verde, los tiempos de retuiteo se vieron particularmente acelerados entre las cuentas de bajo rango, lo que indica una activación ascendente: fueron los usuarios menos jerárquicos quienes impulsaron la propagación del encuadre, en un proceso independiente del liderazgo de actores institucionales específicos. En la comunidad Celeste, las replicaciones se aceleraron cuando el retuit provino de usuarios de alto rango, expresando una activación más modesta y de naturaleza descendente. Esa diferencia permite advertir que el poder de encuadrar en redes sociales no es equivalente al poder institucional y que la resonancia cultural puede generar dinámicas de propagación que escapan al control de las autoridades formales.
El tercer componente es la endogamia comunicacional. El 97% de los retuits de la comunidad Celeste, el 92,5% de los de la comunidad Verde y el 80% de los del Frente de Todos fueron intra-comunidad. Esa endogamia expresa lo que el NAF describe como la consolidación de encuadres locales a través de la atención selectiva y la resonancia cultural: cada comunidad construyó su propio mundo informativo, amplificó los encuadres congruentes con sus valores y bloqueó —por omisión, no por censura— los que provenían de comunidades distantes.
El caso #ESLEY muestra así de qué manera el NAF habilita preguntas que el modelo en cascada no estaba en condiciones de formular: qué determina que un encuadre se propague en una comunidad y no en otra, bajo qué condiciones la activación es ascendente y cuándo es descendente, qué papel juega la resonancia cultural en la consolidación de comunidades interpretativas. Analizar estos fenómenos requiere atender simultáneamente al nivel subjetivo de las decisiones individuales, al nivel estructural de la topología de la red y al nivel cultural de los repertorios interpretativos compartidos.
6. El NAF como herramienta de análisis: posibilidades y límites
6.1. Qué permite estudiar el NAF
El modelo NAF no se propone como una teoría general de la comunicación en redes sociales sino como una herramienta analítica específica, diseñada para explicar una dimensión del framing process que los modelos anteriores no habían podido capturar con precisión: la formación y propagación de encuadres en entornos reticulares. Su productividad se mide por el tipo de preguntas que habilita y por su capacidad de articularse con otros enfoques del programa de investigación del framing.
Una primera línea de indagación que el NAF abre tiene que ver con la viralización de encuadres como un proceso condicionado simultáneamente por factores subjetivos, estructurales y culturales. A diferencia de los modelos que explican la propagación de mensajes en términos exclusivamente tecnológicos —el papel de los algoritmos— o exclusivamente ideológicos —la homofilia como reflejo de posiciones políticas previas—, el NAF articula esos niveles sin reducir uno al otro (Aruguete, 2021). El hecho de que un encuadre se propague en una comunidad no depende solo de quién lo emite ni de cómo está organizada la red: depende también de que tenga resonancia cultural con los esquemas interpretativos de quienes lo reciben (Entman, 2004). Esa articulación es lo que permite al modelo explicar fenómenos que de otro modo resultan difíciles de comprender: por qué ciertos encuadres se viralizan en una comunidad y no en otra, por qué algunos mensajes emitidos por autoridades de alto rango no logran propagarse y por qué, en cambio, mensajes producidos por usuarios periféricos pueden alcanzar una circulación masiva dentro de su comunidad.
Una segunda línea tiene que ver con la formación de comunidades interpretativas como un proceso dinámico en el que los grupos se van constituyendo, en parte, a través de los encuadres que comparten y amplifican (Barberá, 2015). El modelo habilita preguntas sobre la temporalidad del proceso: cómo se consolidan los encuadres locales a lo largo del tiempo, bajo qué condiciones pueden ser desafiados y qué papel juegan los eventos críticos —elecciones, crisis institucionales, controversias públicas— en la reconfiguración de los mundos informativos de las comunidades.
Una tercera línea concierne a la competencia entre encuadres en distintas regiones de la red. Tal como mostró el caso #ESLEY, distintas comunidades pueden estar amplificando simultáneamente encuadres incompatibles sobre un mismo asunto, sin que ninguno de ellos logre imponerse en el espacio público general (Calvo, Aruguete, Ingrassia y Gómez Wagner, 2021). Esa coexistencia de encuadres localmente dominantes pero globalmente fragmentados es uno de los rasgos más característicos del nuevo entorno mediático contemporáneo y uno de los que resultan más difíciles de capturar con las herramientas analíticas diseñadas para sistemas centralizados. La revisión de Entman y Usher (2018) reconoció esa insuficiencia, aunque —tal como fue señalado en la tercera sección— sin abandonar del todo la lógica estratificada que organiza el modelo original.
6.2. Los límites del modelo y su articulación con otros enfoques
Reconocer la productividad del NAF no implica desconocer sus límites. El más importante es que el modelo describe la circulación y propagación de encuadres pero no da cuenta, por sí solo, de su producción. Explicar por qué ciertos encuadres están disponibles en la red, por qué algunos actores los promueven, con qué recursos simbólicos los construyen y qué intereses cristalizan en ellos, requiere recurrir al paradigma crítico y, en particular, al proceso de frame-building. En ese proceso intervienen actores con distinto poder: periodistas que oscilan entre la configuración y la transmisión de encuadres (Brüggemann, 2014), actores políticos que toman decisiones estratégicas sobre qué encuadres enfatizar y cuáles ignorar (Hänggli y Kriesi, 2012) e instituciones mediáticas que, en tanto actores políticos y económicos, promueven sus propias definiciones de los asuntos públicos (Shoemaker y Reese, 1996). Que ciertos encuadres, y no otros, estén disponibles en la red no es el resultado de un proceso neutral: es consecuencia de esas disputas de poder que dejan sus huellas en los textos antes de que comience la circulación reticular. NAF y frame-building son, en ese sentido, enfoques complementarios que se articulan en distintas instancias del mismo proceso: el primero permite analizar la circulación y la propagación; el segundo, la construcción y la promoción (Aruguete, 2021).
Un segundo límite tiene que ver con los efectos. El NAF describe cómo se activan y propagan los encuadres en el interior de las comunidades, pero no dice nada sobre qué ocurre con los esquemas interpretativos de quienes los reciben: si los modifican, los refuerzan o los rechazan. Para ello, las investigaciones realizadas en el marco del paradigma cognitivo (Aruguete, 2021; Aruguete et al., 2023) y los estudios sobre efectos de encuadre (Price, Tewksbury y Powers, 1997; De Vreese, 2012) podrían articularse con otras filiadas en el paradigma constructivista. El NAF puede funcionar aquí como un puente: al identificar qué encuadres predominan en cada comunidad y con qué frecuencia son amplificados, ofrece información valiosa sobre el tipo de estímulos interpretativos a los que están expuestos sus miembros, lo que constituye un insumo directo para el diseño de estudios sobre efectos.
Un tercer límite, de naturaleza metodológica, tiene que ver con la escala y la complejidad de los datos necesarios para operacionalizar el modelo. Estudiar la activación y propagación de encuadres en redes sociales requiere combinar análisis de contenido con análisis de redes que permitan identificar comunidades, mapear conexiones y medir patrones de reposteo y amplificación. El carácter multiparadigmático e integral del framing no solo habilita sino que también requiere una triangulación metodológica: la combinación de aproximaciones cuantitativas y cualitativas para la recolección y el análisis de los datos (Koziner, 2015; Matthes y Kohring, 2008). En el caso específico del NAF, esa triangulación implica articular técnicas propias del análisis de redes —identificación de comunidades, análisis de grafos, medición de centralidad de los nodos— con experimentos de encuesta (Aruguete et al., 2023), técnicas de análisis del discurso y de contenido que permitan identificar los encuadres que circulan en cada comunidad y rastrear su resonancia cultural. La observación de las prácticas de los actores que intervienen en el proceso puede, además, enriquecer la comprensión de los mecanismos de frame-building que anteceden y condicionan la circulación reticular (Carragee y Roefs, 2004; Scheufele, 2006).
6.3. El NAF en el programa de investigación del framing
El modelo NAF encaja en el programa de investigación del framing en el sentido que D'Angelo (2002, 2012) le atribuye a esa expresión: como una contribución específica que se inserta en un programa más amplio sin pretender agotarlo. Se inscribe en el paradigma constructivista y concibe los encuadres como construcciones colectivas que emergen de la interacción entre recursos simbólicos culturalmente disponibles y decisiones individuales de los usuarios, pero incorpora la topología de la red como condicionante estructural, el papel de los algoritmos como amplificadores selectivos y la naturaleza dinámica y localizada de los encuadres que se forman en entornos reticulares.
La noción de integralidad del framing, tal como fue presentada en la segunda sección, tiene una doble acepción: reunir todas las instancias del proceso comunicacional en un mismo modelo, y encajar los desarrollos específicos en un programa más amplio (Reese, 2007; D'Angelo, 2012). El NAF responde a la segunda: se propone como una herramienta que permite estudiar la instancia de circulación y propagación de encuadres en entornos reticulares y que, al hacerlo, enriquece el programa en su conjunto (Aruguete, 2021). Su mayor productividad analítica reside en su articulación con el frame-building y con los estudios sobre efectos de encuadre, que permiten reconstruir el ciclo completo de producción, circulación y recepción de los marcos interpretativos en el ecosistema comunicacional actual.
7. Reflexiones finales
Durante décadas, el programa de investigación del framing describió la circulación de encuadres sobre la base de un supuesto que rara vez fue cuestionado: que el sistema comunicacional tiene una forma piramidal, con actores institucionales en la cima y audiencias en la base. Ese supuesto organizó modelos precisos y productivos para pensar las relaciones entre gobiernos, medios y públicos. Las redes pusieron en evidencia los límites de estos modelos: describen con precisión un tipo de circulación que ya no agota lo que ocurre cuando los encuadres se propagan en entornos reticulares.
El modelo de activación en cascada sigue siendo una referencia productiva para comprender las relaciones entre élites, medios y audiencias en sistemas comunicacionales jerárquicos. Su potencia reside en la capacidad de analizar cómo los encuadres se propagan verticalmente y bajo qué condiciones son modificados o desafiados. Esa misma potencia, sin embargo, descansa sobre premisas —jerarquías estables, flujo vertical de la información, actores institucionales como principales promotores de encuadres— que la dinámica reticular de las redes sociales obliga a revisar. La propuesta de Entman y Usher (2018) reconoció esa insuficiencia sin llegar a abandonar la lógica estratificada que organiza el modelo original.
El NAF procura dar cuenta de lo que ese modelo no captura: la construcción colectiva de encuadres en el interior de comunidades, a partir de decisiones individuales condicionadas por estructuras topológicas y por mecanismos culturales de resonancia. Los encuadres no descienden desde la cima del sistema comunicacional ni son disputados en sistemas verticales con jerarquías predeterminadas; se construyen reticularmente, en distintas regiones de la red, a partir de la aceptación o el rechazo de contenidos que son ofrecidos, pero no impuestos por las autoridades de cada comunidad. El resultado de ese proceso es lo que el modelo describe como la sedimentación de la atención selectiva en encuadre interpretativo y comunidad de información.
El caso del debate sobre la IVE en la Argentina muestra ese funcionamiento con claridad. La coexistencia de encuadres localmente dominantes pero globalmente incompatibles no puede explicarse en términos de imposición desde arriba ni de simple reflejo de posiciones ideológicas previas. Es el resultado de la interacción entre decisiones individuales de los usuarios, estructuras topológicas que amplifican selectivamente ciertos contenidos y repertorios culturales que determinan qué mensajes resuenan y cuáles quedan bloqueados en cada región de la red. Los tres niveles —subjetivo, estructural y cultural— operan de manera simultánea e interdependiente; atender a uno solo de ellos produce una imagen parcial del fenómeno.
El NAF no agota el programa de investigación del Framing, sino que encaja en él, en la doble acepción que D'Angelo (2002, 2012) le atribuye a esa noción. Se inscribe en el paradigma constructivista y retoma sus premisas centrales sobre la naturaleza cultural y colectiva de los encuadres, pero deja abiertas dimensiones que requieren ser abordadas desde otros paradigmas: la producción de encuadres y las disputas de poder que la atraviesan —terreno del frame-building y del paradigma crítico (Brüggemann, 2014; Hänggli y Kriesi, 2012)— y los efectos de los encuadres en los esquemas interpretativos individuales —terreno del paradigma cognitivo (Price, Tewksbury y Powers, 1997; De Vreese, 2012)—. Su mayor productividad analítica radica en su capacidad de funcionar como un eslabón en una cadena de análisis que reconstruya el ciclo completo de producción, circulación y recepción de los marcos interpretativos en el nuevo entorno mediático.
Quedan abiertas, en ese marco, al menos tres líneas de investigación. La primera concierne a la temporalidad: cómo se consolidan los encuadres locales a lo largo del tiempo y bajo qué condiciones pueden ser desafiados o transformados, incluyendo el papel que los eventos críticos —elecciones, crisis institucionales, controversias de alta visibilidad— juegan en la reconfiguración de los mundos informativos de las comunidades. La segunda tiene que ver con la comparación entre plataformas: en qué medida los mecanismos descritos por el NAF operan de manera similar o diferente en entornos con lógicas algorítmicas y culturas de uso distintas, y qué herramientas metodológicas requiere esa comparación. La tercera, quizás la más exigente teóricamente, tiene que ver con la articulación entre el espacio digital y el espacio público más amplio: de qué manera los encuadres que se consolidan en el interior de las comunidades virtuales cristalizan —o no— en las agendas de los medios tradicionales y en las decisiones de los actores políticos. A esas tres líneas se agrega una cuarta que la irrupción de la inteligencia artificial generativa vuelve cada vez más urgente: si los encuadres pueden ser producidos y amplificados a escala masiva por sistemas automatizados, ¿cómo se modifica la relación entre resonancia cultural y activación? ¿Sigue siendo la resonancia una condición necesaria o los algoritmos de IA pueden forzar la circulación de encuadres sin ella? El NAF no está en condiciones de responder esa pregunta todavía, pero sí de formularla con precisión.
Agradecimientos
Las autoras agradecen los comentarios de los evaluadores, que contribuyeron a precisar el argumento del trabajo, y los eximen de responsabilidad por los errores en que puedan incurrir.
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